El último hombre
El último hombre «La vida -así empezaba- no es como la describen en las novelas; pasar por las medidas de una danza y, tras varias evoluciones llegar a una conclusión, tras lo cual los bailarines se sientan y reposan. Mientras existe vida existen la acción y el cambio. Seguimos adelante, y cada pensamiento se vincula al que le sirvió de padre, y cada acción se vincula a un acto previo. Ninguna alegría, ninguna tristeza muere sin descendencia, que siempre generada y generándose, teje la cadena que forma nuestra vida.
Un día llama a otro día
y así llama, y encadena
llanto a llanto, y pena a pena.10
»En verdad, la decepción es la deidad custodia de la vida humana; tiene su sede en el umbral de un tiempo no nacido y dirige los acontecimientos a medida que aparecen. En otro tiempo mi corazón reposaba, ligero, en mi pecho; toda la hermosura del mundo me era doblemente hermosa, pues irradiaba de la luz del sol que brotaba de mi propia alma. ¡Oh! ¿Por qué razón el amor y la ruina se unen eternamente en este nuestro sueño mortal? Pues cuando hacemos de nuestros corazones guarida para la bestia de aspecto amable, su compañera entra con ella y sin piedad destruye lo que podría haber sido un hogar y un refugio.»