El último hombre
El último hombre Y a pesar de ello no errábamos del todo al buscar un paisaje como éste en que poner fin a nuestro drama. La naturaleza, siempre fiel, nos brindaba su consuelo en plena desgracia. La sublime grandeza de los objetos externos aliviaba nuestros corazones arrasados y se presentaba en armonía con nuestra desolación. Muchas tristezas han recaído sobre el hombre durante su azaroso avance. Y muchos se han convertido en únicos supervivientes de sus grupos. Nuestro infortunio extraía su forma majestuosa y sus tonalidades de la inmensa ruina que lo acompañaba y con la que se confundía. Así, sobre la hermosa tierra, muchas quebradas oscuras contienen arroyos cantarines sombreados por rocas románticas, bordeados por senderos musgosos, pero todos, excepto ése, carecían del poderoso contrapunto de los Alpes, cuyas cumbres nevadas y salientes desnudos nos elevaban desde nuestra morada mortal y nos conducían a los palacios de la naturaleza.