El último hombre

El último hombre

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

No era sólo su forma humana la que habíamos depositado en su sepulcro eterno y cuyas exequias celebrábamos. Con aquella última víctima, la Peste se desvanecía de la tierra. La muerte nunca había precisado de armas para destruir la vida y nosotros, pocos como éramos y en el estado de debilidad en que nos hallábamos, seguíamos expuestos a todas las demás saetas que rebosaban de su aljaba. Pero no, la peste ya no se encontraba entre ellas. Durante siete años había exhibido un dominio absoluto sobre la tierra. Había hollado todos los recodos de nuestro espacioso orbe; se había fundido con la atmósfera, que como un manto envuelve a todas las criaturas -a los habitantes de nuestra Europa natal, a los asiáticos rodeados de lujos, a los oscuros africanos, a los libres americanos-, y a todas las había derrotado y destruido. Su bárbara tiranía llegaba a su fin allí, en el quebrada rocosa de Chamonix.

Aunque eran escenas aún recurrentes de tristeza y dolor, los frutos de su destrucción ya no formaban parte de nuestras vidas. La palabra «peste» ya no resonaba en nuestros oídos; su aspecto encarnado en el semblante humano ya no se presentaba ante nuestros ojos. A partir de ese momento ya no volví a ver a la Peste, que abdicó de su trono y, despojándose de su cetro imperial entre los bloques de hielo que nos rodeaban, dejó a la soledad y el silencio como herederos de su reino.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker