El último hombre
El último hombre También había perdido a mi adorada Clara, última de las hijas del hombre, que había mostrado todas las virtudes femeninas y juveniles que poetas, pintores y escultores han tratado de plasmar en sus distintos lenguajes. Y sin embargo, por ella misma, ¿podía lamentar acaso que con su muerte prematura hubiera evitado el advenimiento cierto de más desgracias? Ella era pura de alma y todos sus empeños eran sagrados. Pero su corazón era trono del amor, y la sensibilidad que su bello rostro expresaba era heraldo de muchas tristezas, no menos profundas y espantosas porque ella las hubiera ocultado siempre.