El último hombre
El último hombre Al avanzar por las llanuras, a los pies de los Apeninos, a través de sus valles, sobre sus cumbres desoladas, mi camino me llevaba por un país que había sido hollado por héroes, visitado y admirado por miles. Todos ello se habían retirado como una marea, dejándome a mí desnudo y solo en el centro. Pero, ¿por qué lamentarse? ¿Acaso no mantenía la esperanza? Así me aleccionaba, incluso después de que el ánimo me hubiera abandonado y me viera obligado a hacer acopio de toda la fortaleza posible, que no era mucha, para impedir el regreso de mi desesperación, caótica e intolerable, que había seguido al triste naufragio, en el que se consumó todo miedo, en el que se aniquiló toda alegría.