Frankenstein
Frankenstein —Bienvenido, querido VÃctor. Ojalá hubieras regresado tres meses atrás; nos hubieras encontrado felices y contentos. Pero ahora estamos desolados; y me temo que sean las lágrimas y no las sonrisas las que te reciban. Nuestro padre está muy apenado; este terrible suceso parece hacer revivir en él el dolor que sintió a la muerte de nuestra madre. La pobre Elizabeth está también muy afligida.
Mientras hablaba las lágrimas le resbalaban por las mejillas.
—No me recibas asà —le dije—, intenta serenarte para que no me sienta completamente desgraciado al entrar en la casa de mi padre tras tan larga ausencia. Dime, ¿cómo lleva mi padre esta desgracia?, ¿y cómo está mi pobre Elizabeth?
—Es la que más ayuda necesita. Se acusa de haber causado la muerte de mi hermano, y esto la atormenta horriblemente. Aunque ahora que han descubierto al asesino…
—¿Que lo han descubierto? ¡Dios mÃo! ¿Cómo es posible?, ¿Quién ha podido intentar perseguirlo? Es imposible; serÃa como intentar atrapar el viento, o detener un torrente con una caña.