Frankenstein
Frankenstein —Querido padre, tranquilÃzate. Te aseguro que amo a Elizabeth tierna y profundamente. No he conocido a ninguna mujer que me inspire, como ella, tanta admiración y afecto. Mis esperanzas y deseos para el futuro se fundan en la perspectiva de nuestra unión.
—Tus palabras, querido VÃctor, me producen una alegrÃa que no experimentaba hacÃa mucho tiempo. Si esto es lo que sientes, nuestra felicidad está asegurada, por mucho que sucesos recientes puedan entristecernos. Pero es justo esta tristeza, que parece haberse adueñado de forma tan poderosa de ti, la que quisiera disipar. Dime, pues, si tienes alguna objeción a que se celebre la boda de inmediato. Hemos sido desdichados últimamente, y recientes sucesos nos han robado la paz cotidiana que mi edad requiere. Tú eres joven; pero no creo que, con la fortuna de que dispones, una boda precoz pueda interferir en los planes de honor o provecho que te hayas podido trazar. No creas, empero, que quiero imponerte la felicidad, o que una demora por tu parte me fuera a ocasionar desazón. Interpreta bien mis palabras, y te ruego me contestes con confianza y franqueza.