Frankenstein
Frankenstein Escuché a mi padre en silencio, y durante algunos instantes no logré darle respuesta. Por mi mente discurría un cúmulo de pensamientos que intentaba ordenar para poder llegar a alguna conclusión. La idea de una inmediata unión con mi prima me llenaba de horror y aflicción. Estaba atado por una solemne promesa que aún no había cumplido y que no osaba romper, pues, de hacerlo, ¡qué desdichas no acarrearía para mí y mi afectuosa familia el incumplimiento de mi palabra! No creo que pudiera entrar en este festejo con semejante peso muerto atado del cuello, y doblegándome hacia el suelo. Debía llevar a cabo mi compromiso, dejando al monstruo que partiera con su pareja, antes de permitirme disfrutar de las delicias de un matrimonio del que esperaba la paz.