Frankenstein
Frankenstein —Se lo agradezco —respond×; pero la comodidad no me preocupa: no hay en toda la Tierra nada que me pueda hacer la vida más grata.
—Sé que la comprensión de un extraño poco puede ayudar a alguien hundido por tan insólita desgracia. Pero confÃo en que pronto podrá abandonar este lóbrego lugar, pues indudablemente se podrán aportar pruebas que le eximan de culpa.
—Eso es algo qué no me preocupa: debido a una extraña cadena de acontecimientos, me he convertido en el más infeliz de los mortales. Perseguido y atormentado como estoy, ¿existe alguna razón para que tema a la muerte?
—En efecto, pocas cosas habrá más desafortunadas y penosas que las extrañas coincidencias que han ocurrido recientemente. De forma accidental vino a parar a esta costa, famosa por su hospitalidad; fue detenido inmediatamente y culpado de asesinato. La primera cosa que le obligamos a ver fue el cadáver de su amigo, asesinado de forma inexplicable, y puesto en su camino por algún criminal.
Esta observación del señor Kirwin, a pesar de la agitación que me produjo el recuerdo de mis sufrimientos, me sorprendió considerablemente por la información que parecÃa entrañar respecto a mÃ. Mi rostro debió reflejar esta sorpresa, porque el señor Kirwin se apresuró a añadir: