Frankenstein
Frankenstein —¿Y cuál será la muerte que ponga fin a esta tragedia? —grité—. Padre, no permanezcamos más tiempo en este horrible paÃs; llévame donde pueda olvidarme de mà mismo, de mi propia existencia, del mundo entero.
Mi padre accedió gustoso a mis deseos; y, tras despedirnos del señor Kirwin, partimos para DublÃn. Me sentÃa como si me hubieran aligerado de un terrible peso cuando, con viento favorable, la embarcación dejó Irlanda atrás, y abandoné para siempre el paÃs que habÃa sido el escenario de tantas tristezas.