Frankenstein
Frankenstein —Paciencia, querida mÃa, paciencia —le respond×. Pasada esta noche, el peligro habrá acabado. Pero esta noche es terrible, muy terrible.
Transcurrió una hora en esta inquietud; de pronto, pensé en lo espantoso que le resultarÃa a mi esposa el combate que esperaba de un momento a otro. Le rogué que se acostara, dispuesto a no reunirme con ella en tanto no conociera las intenciones de mi enemigo.
Me quedé solo, y continué durante algún tiempo paseando por los pasillos de la casa y examinando cada rincón que pudiera servirle de escondrijo a mi adversario. Pero no descubrà rastro alguno de él; y empezaba a pensar que alguna providencial casualidad habrÃa intervenido para impedirle llevar a cabo su amenaza, cuando oà un grito agudo y estremecedor. VenÃa de la habitación donde descansaba Elizabeth. Al oÃrlo comprendà la estremecedora verdad, y me quedé paralizado; noté cómo la sangre me corrÃa por las venas y me ardÃa en las puntas de los dedos. Un instante después escuché un nuevo grito y corrà hacia la alcoba.