Frankenstein
Frankenstein Me escuchó con benevolencia e interés.
—Esté usted seguro —dijo— de que no ahorraré esfuerzos para encontrar al villano.
—Le quedo muy agradecido —respond×. Escuche, pues, la declaración que voy a hacer. Es en verdad una historia tan extraña que temerÃa que usted no me creyera, de no ser porque hay algo en las verdades, por insólitas que parezcan, que fuerzan la convicción. Mi relato es demasiado coherente como para que pueda tomarse por un sueño, y no tengo motivos para mentir.
De esta forma me dirigà a él, con voz tranquila pero seria; habÃa decidido perseguir a mi destructor hasta la muerte, y este propósito calmaba mi angustia y me reconciliaba un poco con la vida. Narré mi historia brevemente, pero con firmeza y precisión, dando fechas exactas y sin desviarme del tema para lamentarme de los hechos.
Al principio, el magistrado demostraba una total incredulidad, pero a medida que proseguÃa escuchó con mayor atención e interés; hubo momentos en que lo vi estremecerse, otros en que su rostro denotaba un vivo asombro, exento de escepticismo[92].
Al concluir mi relato, dije: