Frankenstein
Frankenstein Todo ha concluido; vuelvo a Inglaterra. He perdido mis esperanzas de gloria y mi ansia de servir a la humanidad; y he perdido a mi amigo. Pero trataré, querida hermana, de contarte con detalle estos tristes sucesos; no quiero navegar rumbo a Inglaterra, y hacia ti, lleno de pesadumbre.
El diecinueve de septiembre[98] el hielo empezó a ceder, y en la distancia escuchamos atronadores crujidos, asà que las islas de hielo se resquebrajaban en todas las direcciones. CorrÃamos enorme peligro; pero, puesto que nada podÃamos hacer, todo mi interés se centraba en mi infeliz huésped, cuya salud habÃa declinado hasta el punto de no poder levantarse de la cama. El hielo se rompió a nuestras espaldas y fue empujado con rapidez en dirección norte; del oeste comenzó a soplar una brisa y el dÃa once el camino hacia el sur quedaba despejado. Cuando los marineros vieron esto, y comprendieron que quedaba asegurado su regreso a su paÃs natal, prorrumpieron en continuos gritos de loca alegrÃa. Frankenstein, que se habÃa adormilado, despertó, y preguntó la causa del alboroto.
—Gritan —contesté—, porque pronto regresarán a Inglaterra.
—¿Regresa usted entonces?
—Sà —respond×, no puedo oponerme a sus peticiones. No puedo conducirlos hacia nuevos peligros contra su voluntad, y debo volver.