Frankenstein
Frankenstein A lo largo del discurso, su voz se había ido adaptando tan bien a los distintos sentimientos que expresaba, y sus ojos brillaban tan llenos de heroísmo y sana ambición, que no fue de extrañar que mis hombres se conmovieran. Se miraron unos a otros, sin saber qué decir. Yo me dirigí a ellos, y les rogué que recapacitaran sobre lo que habían oído; añadí que por mi parte no seguiría avanzando hacia el norte en contra de su voluntad, pero que esperaba que, tras considerarlo, recobraran el valor perdido.
Salieron, y me volví hacia mi amigo; pero se hallaba muy abatido y casi privado de aliento.
Ignoro cómo concluirá todo esto; pero preferiría la muerte a regresar, cubierto de vergüenza, sin haber podido alcanzar mis objetivos. Sin embargo, temo que ese sea mi destino; sin el ánimo que les pudiera infundir la idea de la gloria y el honor, mis hombres jamás se avendrán a proseguir sus actuales penurias.
7 de septiembre
¡La suerte está echada!, he accedido a nuestro regreso si los hielos nos lo permiten. Veo truncadas mis esperanzas por la cobardía y la indecisión; regreso desilusionado e ignorante. Necesitaría más tolerancia de la que me ha sido dada para sufrir esta injusticia con paciencia.
12 de septiembre