Frankenstein
Frankenstein —Hágalo si quiere. Yo me quedo. Usted puede abandonar su objetivo; pero el mÃo me lo fió el cielo, y no puedo renunciar. Estoy débil; pero confÃo en que los espÃritus que me ayudan en mi venganza me prestarán las fuerzas necesarias.
Al decir esto intentó saltar de la cama, pero el esfuerzo fue demasiado grande; cayó y perdió el sentido.
Tardó mucho en volver en sÃ, y a menudo me pareció que habÃa muerto. Finalmente abrió los ojos; respiraba con dificultad, y no podÃa hablar. El médico le dio un brebaje reconstituyente, y nos ordenó que no lo molestáramos. A mà me advirtió que a mi amigo le restaban pocas horas de vida.
Se habÃa pronunciado su sentencia, y a mà ya sólo me quedaba lamentarme y tener paciencia. Permanecà sentado a la cabecera de su lecho, mirándolo; tenÃa los ojos cerrados, y pensé que dormÃa. De pronto, con voz apagada, me llamó, indicándome que me acercara, y dio: