Frankenstein
Frankenstein Entonces pensé que mi padre no serÃa justo si achacaba mi negligencia a vicio o incorrección por mi parte; pero ahora sé que él estaba en lo cierto al no creerme del todo inocente. El ser humano perfecto debe conservar siempre la calma y la paz de espÃritu y no permitir jamás que la pasión o el deseo fugaz turben su tranquilidad. No creo que la búsqueda del saber sea una excepción. Si el estudio al que te consagras tiende a debilitar tu afecto y a destruir esos placeres sencillos en los cuales no debe intervenir aleación alguna, entonces ese estudio es inevitablemente negativo, es decir, impropio de la mente humana. Si se acatara siempre esta regla, si nadie permitiera que nada en absoluto empañara su felicidad doméstica, Grecia no se habrÃa esclavizado, César habrÃa protegido a su paÃs, América se habrÃa descubierto más pausadamente y no se hubieran destruido los imperios de México y Perú.
Pero olvido que estoy divagando en el punto más interesante de mi relato, y su mirada me recuerda que debo continuar.