Frankenstein
Frankenstein —Estás en lo cierto. He estado tan ocupado últimamente que, como ves, no he podido descansar lo suficiente. Pero espero sinceramente que mis tareas hayan concluido y pueda estar ya más libre.
Temblaba; era incapaz de pensar, y mucho menos de referirme a los sucesos de la noche pasada. Apresuré el paso, y pronto llegamos a la universidad. Pensé entonces, y esto me hizo estremecer, que la criatura que habÃa dejado en mi habitación aún podÃa encontrarse allà viva, y en libertad. TemÃa ver a este monstruo, pero me horrorizaba aún más que Henry lo descubriera. Le rogué, por tanto, que esperara unos minutos al pie de la escalera, y subà a mi cuarto corriendo. Con la mano ya en el picaporte me detuve unos instantes para sobreponerme. Un escalofrÃo me recorrió el cuerpo. Abrà la puerta de par en par, como suelen hacer los niños cuando esperan encontrar un fantasma esperándolos; pero no ocurrió nada. Entré temerosamente: la habitación estaba vacÃa. Mi dormitorio también se encontraba libre de su horrendo huésped. Apenas si podÃa creer semejante suerte. Cuando me hube asegurado de que mi enemigo ciertamente habÃa huido, bajé corriendo en busca de Clerval, dando saltos de alegrÃa.