Carmilla
Carmilla »Pero después de todas estas medidas conformes a la ley —prosiguió—, de tantas tumbas abiertas y tantos vampiros privados de su horrible animación…, el pueblo no quedó liberado. Pero un noble moravo, que casualmente pasó por aquÃ, se enteró de lo que ocurrÃa, y, siendo diestro, como tanta gente en su paÃs, en estas cosas, se ofreció a liberar al pueblo de su atormentador. Lo hizo de este modo: aquella noche habÃa una luna brillante. Poco después de la puesta del sol subió a la torre de esta capilla donde estamos; de ahà podÃa ver claramente el cementerio debajo de él; pueden verlo ustedes por esta ventana. Desde ese punto vigiló hasta que vio al vampiro salir de su tumba, dejar al lado de ella el sudario en que habÃa sido amortajado, y deslizarse hacia el pueblo para atormentar a sus habitantes.