Carmilla

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Tiene un viejo mobiliario de roble, con grandes piezas de mobiliario talladas, y las sillas están tapizadas con terciopelo de Utrecht de color escarlata. Las paredes están cubiertas por tapicerías y enmarcadas por grandes franjas doradas; las figuras son de tamaño natural, llevan atuendos antiguos y muy curiosos, y los temas representados son de caza, cetrería, y generalmente festivos. No es demasiado imponente para que se esté sumamente cómodo. Allí tomábamos el té, porque, con su habitual inclinación patriótica, mi padre insistía en que el brebaje nacional hiciera regularmente su aparición junto con el café y el chocolate.

Allí nos instalamos aquella noche, y, con las velas encendidas, hablamos de la aventura de la noche.

Madame Perrodon y Mademoiselle De Lafontaine formaban parte de nuestro grupo. La joven forastera no había acabado de caer en la cama cuando se quedó sumida en un profundo sueño; y aquellas damas la habían dejado al cuidado de una criada.

—¿Qué le parece nuestra huésped? —pregunté, en cuanto entró Madame—. Cuéntemelo todo de ella.

—Me gusta muchísimo —respondió Madame—. Casi diría que es la criatura más bonita que jamás he visto; como de su edad, y muy gentil y afable.

—Es increíblemente hermosa —incidió Mademoiselle, que se había asomado un momento en la habitación de la forastera.


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