Carmilla
Carmilla —Tengo mucho miedo de imaginarme que veo cosas como ésas; creo que serÃa eso tan malo como la realidad.
—Estamos en manos de Dios. Nada puede suceder sin su permiso, y todo terminará bien para los que le aman. Es nuestro justo creador; Él nos ha hecho a todos, y cuidará de nosotros.
—¡Creador! ¡Naturaleza! —dijo la joven dama, en respuesta a mi padre—. Y esta enfermedad que invade el paÃs es natural. Naturaleza. Todas las cosas proceden de la Naturaleza… ¿No es cierto? Todas las cosas, en el cielo, en la tierra, y debajo de la tierra, actúan y viven tal como ordena la Naturaleza: esto es lo que creo.
—El médico dice que vendrá hoy —dijo mi padre, después de un silencio—. Quiero saber qué piensa de esto, y qué cree mejor que hagamos.
—Los médicos no me han hecho nunca bien —dijo Carmilla.
—Entonces, ¿has estado enferma? —pregunté.
—Más de lo que tú hayas estado nunca —respondió.
—¿Hace mucho?
—SÃ, hace mucho. Sufrà ese mismo mal; pero lo he olvidado todo, excepto mis sufrimientos y mi debilidad; y no eran tan malos como lo que se sufre con otras enfermedades.