Carmilla
Carmilla —¿Eras muy joven, entonces?
—Eso creo; pero no hablemos más de ello. ¿Tú no herirÃas a una amiga? —Me miró lánguidamente a los ojos, y me rodeó amorosamente la cintura con el brazo, conduciéndome fuera de la habitación.
Mi padre estaba ocupado con unos documentos, cerca de la ventana.
—¿Por qué a tu papá le gusta asustarnos? —dijo la bonita muchacha, con un suspiro y un leve estremecimiento.
—No le gusta, querida Carmilla; no hay nada tan lejos de su mente.
—¿Tienes tú miedo, querida?
—TendrÃa mucho si imaginara que habÃa algún peligro real de ser atacada como esa pobre gente.
—¿Tienes miedo de morir?
—SÃ, todo el mundo lo tiene.
—Pero morir como pueden morir los amantes… Morir juntos, para vivir juntos. Las muchachas son orugas mientras viven en el mundo, y se convierten en mariposas cuando llega el verano; pero, entretanto, son gorgojos y larvas, ¿sabes?… Cada cual con sus peculiares inclinaciones, necesidades y estructuras. Eso dice Monsieur Buffon, en su gran libro, que está en la habitación de al lado.