Carmilla
Carmilla —SÃ, tomaré un poco. Ya me siento mejor. Estaré totalmente repuesta dentro de unos minutos. SÃ, que me traigan un poco de vino —respondió Carmilla, mientras nos acercábamos a la puerta—. Quedémonos a mirar aún unos momentos; es quizá la última vez que veo contigo la luz de la luna.
—¿Cómo te sientes ahora, querida Carmilla? ¿Estás realmente mejor? —pregunté.
Estaba empezando a alarmarme, pensando si no la habrÃa atacado la extraña epidemia que, según decÃan, habÃa invadido la zona en torno nuestro.
—Papá se afligirÃa muchÃsimo —añad× si pensara que te sientes asà sea mÃnimamente mal sin que se lo digamos. Tenemos a un médico muy hábil que vive cerca; es el que ha estado hoy con papá.
—Estoy segura de que es hábil; pero, mi querida niña, vuelvo a sentirme perfectamente. No me ocurre absolutamente nada, sólo ha sido un poco de debilidad. La gente dice que soy lánguida; soy incapaz de esfuerzos; apenas puedo andar tanto trecho como un niño de tres años; y, de vez en cuando, la poca fuerza que tengo titubea, y me pongo tal como me has visto. Pero, a fin de cuentas, me recupero muy fácilmente; al cabo de unos momentos vuelvo a ser yo misma. Mira cómo me he recobrado.