Carmilla
Carmilla —Casi lo he olvidado; hace tantos años…
Me reÃ.
—No eres tan vieja. Tu primer baile no puede haber sido olvidado.
—Lo recuerdo todo sobre él… haciendo un esfuerzo. Lo veo todo, como los buzos ven lo que tienen arriba, a través de un medio denso, ondulante, pero transparente. Ocurrió esa noche algo que oscureció la imagen, y fijó sus colores. Fui casi asesinada en mi cama; me hirieron aquà —se llevó la mano al pecho—, y ya no he vuelto a ser la misma.
—¿Estuviste a punto de morir?
—SÃ, muy cerca de morir… Un amor cruel… Un amor extraño capaz de arrebatarme la vida. El amor ha de tener sus sacrificios. No hay sacrificio sin sangre. Ahora vayámonos a dormir. Me siento tan fatigada… ¿Cómo podré levantarme para cerrar la puerta con llave?
Estaba tendida, con sus delgadas manos hundidas en su rica cabellera ondulada, debajo de las mejillas, con su cabecita sobre la almohada y sus ojos brillantes siguiéndome allà donde yo iba, con una especie de sonrisa tÃmida que yo no sabÃa descifrar.
Le di las buenas noches, y me deslicé fuera de la habitación con una sensación incómoda.