Carmilla
Carmilla Era ésta una vieja costumbre que había empezado muy pronto en mi vida y de la que nada me habría inducido a apartarme.
Confortada de este modo, podía descansar con tranquilidad. Pero los sueños atraviesan los muros de piedra, iluminan habitaciones oscuras, u oscurecen las iluminadas, y sus personajes realizan sus entradas y salidas a su placer, y se ríen de los cerrajeros.
Aquella noche tuve un sueño que fue el comienzo de una extrañísima angustia.