Carmilla
Carmilla Me sentà entonces aliviada, y capaz de respirar y de moverme. Mi primera idea fue que Carmilla me habÃa gastado una broma. Corrà hacia la puerta, y me la encontré, como de costumbre, cerrada por dentro. TenÃa miedo de abrirla: estaba horrorizada. Me metà en la cama de un salto, y me tapé la cabeza con las sábanas, permaneciendo asÃ, más muerta que viva, hasta el amanecer.