Carmilla
Carmilla —¡Qué tonterÃa! —exclamó Madame, que, probablemente, juzgó el tema un tanto inoportuno—. ¿Y quién cuenta esa historia, querida?
—Martin dice que dos veces, cuando reparaban la vieja puerta del patio, llegó allà antes de salir el sol, y que las dos veces vio a la misma mujer paseándose por el paseo de los tilos.
—Eso puede muy bien ser, mientras haya vacas por ordeñar en los prados del rÃo —dijo Madame.
—Eso dirÃa yo; pero Martin opta por asustarse, y jamás he visto a un loco más asustado.
—No deben decirle nada a Carmilla, porque puede ver ese paseo desde la ventana de su habitación —intervine yo—; y, si es concebible, es todavÃa más cobarde que yo.
Carmilla bajó quizá un poco más tarde de lo usual aquel dÃa.