Carmilla
Carmilla La búsqueda
Al ver la habitación, perfectamente intacta salvo por nuestra violenta entrada, empezamos a enfriarnos un poco, y no tardamos en recobrar el buen sentido lo suficiente para ordenar a los sirvientes que se fueran. A Mademoiselle se le ocurrió que, posiblemente, Carmilla se habrÃa despertado con el estruendo en su puerta, y, en su pánico inicial, habÃa saltado de la cama, y se habÃa ocultado en un armario, o detrás de una cortina, de donde no podÃa salir, naturalmente, hasta que el mayordomo y sus secuaces se hubieran retirado. Recomenzamos pues nuestra búsqueda, y empezamos de nuevo a llamarla por su nombre.