Carmilla
Carmilla —Volvió después de que se buscara ahÃ, todavÃa dormida, y, finalmente, se ha despertado espontáneamente, y se ha sentido tan sorprendida de encontrarse donde estaba como cualquiera de nosotros. Quisiera que todos los misterios se explicaran tan fácil e inocentemente como los tuyos, Carmilla —dijo, riendo—. De modo que podemos felicitarnos de la certidumbre de que la explicación más natural del hecho no implica drogas, cerraduras estropeadas, ladrones, envenenadores ni brujas… Nada que deba alarmar a Carmilla, ni a nadie, por nuestra seguridad.
Carmilla tenÃa un aspecto encantador. No podÃa haber nada más hermoso que sus colores. Su belleza, pienso, se veÃa realzada por la grácil languidez que le era peculiar. Creo que mi padre contrastaba silenciosamente su aspecto con el mÃo, porque dijo:
—Quisiera que mi pobre Laura tuviera mejor aspecto.
Y suspiró.
De este modo, nuestra alarma terminó felizmente, y Carmilla se veÃa restituida a sus amigos.