Carmilla
Carmilla Es imposible imaginar un paseo más agradable por el bosque. El terreno se quiebra con suaves colinas y hondonadas, todas ellas arropadas por hermoso bosque totalmente desprovisto de la relativa ceremonia que imparten las plantaciones artificiales y el cultivo antiguo.
Las irregularidades del terreno conducen a menudo al camino fuera de su curso, y hacen que serpentee hermosamente por los bordes de hondonadas rotas y de laderas más empinadas de las colinas, en medio de unas variaciones de terreno casi inagotables.
Al dar la vuelta a uno de esos recodos, nos topamos de repente con nuestro viejo amigo el general que cabalgaba en dirección nuestra, acompañado por un sirviente a caballo. Su equipaje le seguía en un coche alquilado, de esos que llamamos carretas.
El general desmontó cuando llegamos junto a él, y, tras los saludos habituales, le convencimos fácilmente para que aceptara un asiento libre en nuestro coche, y enviamos su caballo al schloss con su sirviente.