Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius —Culpable.
Sintió el juez Harbottle que el recinto se tornaba aún más oscuro. No pudo, al poco, discernir nada, salvo el resplandor de los ojos que le miraban desde la mesa presidencial. Y después, desde cada escaño, desde cada rincón, desde cada galería que se abría a los lados de la sala… El acusado, no obstante, se dijo que tenía argumentos suficientes para rebatir la inminente condena a muerte, pero el magistrado, con su mayor desdén, le retiró el uso de la palabra que pretendía, haciendo el gesto de quien quiere aventar el humo, y procedió a comunicar al reo la fecha para la ejecución de la sentencia, el día 10 del mes siguiente.
Antes de que pudiera respirar en profundidad, para recuperarse de la terrible sorpresa, el juez Harbottle, por orden del presidente del tribunal, aquel que lo había condenado a la horca, fue prácticamente arrastrado fuera de la sala. Faltaba la luz también en aquellos corredores por los que era conducido, y apenas se veía brillar una lamparita de aceite aquí, un infiernillo algo más lejos… Pálidos resplandores rojizos estrellándose contra los muros, cuyas piedras desnudas ahora le parecían enormes, como rocas gigantescas y resquebrajadas.