Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius Lo llevaron hasta una herrerÃa de techo abovedado en la que dos hombres desnudos de cintura para arriba, que tenÃan las cabezas tan grandes como la de un toro y hombros y espaldas fuertes, y brazos musculosos como los de los gigantes, montaban los eslabones al rojo vivo de una cadena, golpeándolos con martillos que extraÃan del hierro auténticas centellas.
Aquellos hombres con cabeza de toro miraban al condenado con ojos fieros mientras daban descanso por unos instantes a sus martillos enormes. El que parecÃa mayor dijo al otro:
—Preparemos los grilletes para Elijah Harbottle.
Y con una tenaza aferró el extremo de una cadena candente que estaba en el fuego de la fragua.
—Uno de los extremos cierra perfectamente —dijo mientras sopesaba con la mano la parte del hierro ya enfriada, mientras con una pinza ajustaba el anillo al tobillo del juez—. El otro extremo, sin embargo, se ha soldado antes de tiempo.
El anillo presto para el otro tobillo aún estaba rojo de fuego sobre el suelo de piedra, sobre el que arrojaba chispas luminosas y crepitantes.