Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius —Estoy segura de su competencia. Y sé lo bondadosos que sois todos. Pero, mi querida niña, ahora vuelvo a encontrarme perfectamente bien. No me pasa nada; únicamente me siento un poco débil. La gente dice que soy lánguida. Estoy incapacitada para hacer cualquier tipo de ejercicio; apenas puedo caminar más que un niño de tres años. Y, de vez en cuando, las escasas energÃas que tengo me abandonan, y me pongo como me acabáis de ver. Mas, a fin de cuentas, me recupero con mucha facilidad, enseguida me pongo bien. Mirad cómo me he recobrado.
Asà era, en verdad. Continuamos conversando todavÃa durante bastante tiempo, y ella estuvo muy animada. El resto de aquella velada transcurrió sin ninguna otra recaÃda en lo que yo llamaba sus «apasionamientos». Me refiero a su vesánica forma de hablarme y de mirarme, que me desconcertaba e incluso me asustaba.
Mas aquella noche sucedió algo que produjo un vuelco completo en mi forma de pensar, y que incluso pareció sorprender a la lánguida naturaleza de Carmilla en un estado momentáneo de gran vigor.
Una congoja inesperada