Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius —He encontrado a mi joven amiga bastante desmejorada. Espero que no sea nada de importancia. Mas será preciso tomar algunas medidas, que ya tendré ocasión de explicaros. Mientras tanto, Madame, tendréis la amabilidad de no dejar sola a la señorita Laura ni un solo momento. Ésa es, por el momento, la única instrucción que puedo daros. Es indispensable.
—Ya sé, Madame, que podemos contar con vuestra amabilidad —añadió mi padre.
Madame Perrodon se lo aseguró vehementemente.
—Y vos, mi querida Laura, sé que cumpliréis las instrucciones del doctor.
—Debo pediros vuestra opinión —prosiguió mi padre, dirigiéndose otra vez al médico— sobre otra paciente, cuyos sÃntomas se parecen un poco a los de mi hija, que ella misma acaba de detallaros… Mucho más benignos en cuanto a intensidad, mas pienso que prácticamente de la misma especie. Se trata de una joven dama… y huésped nuestra. Mas ya que decÃs que volveréis a visitarnos al anochecer, lo mejor será que cenéis aquà con nosotros, y entonces podréis verla. Ella no baja nunca antes del atardecer.
—Os lo agradezco —dijo el doctor—. Estaré con vos, pues, esta tarde, hacia las siete.