Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius Media hora más tarde entró mi padre con una carta en la mano, y dijo:
—Esta carta ha llegado con retraso. Es del general Spielsdorf. PodÃa haber estado aquà ayer, puede que no venga hasta mañana, o tal vez llegue hoy.
Me entregó la carta abierta. Mas no parecÃa complacido, como tenÃa por costumbre cada vez que llegaba un huésped, en especial alguien tan apreciado como el general. Por el contrario, daba la impresión de que desearÃa más bien que aquél se encontrara en el fondo del mar Rojo. Evidentemente habÃa algo en su mente que preferÃa no divulgar.
—Querido papá, ¿queréis contarme qué pasa? —dije yo, cogiéndole de repente por el brazo y, por supuesto, mirándole a los ojos en actitud suplicante.
—Tal vez —respondió, alisándome el cabello acariciadoramente por encima de la frente.
—¿Piensa el doctor que estoy muy enferma?
—No, querida. Cree que si se toman las medidas oportunas, volveréis a poneros bien, o al menos en uno o dos dÃas estaréis en perfecta disposición para recuperaros por completo —contestó, un poco secamente—. Hubiera sido preferible que nuestro buen amigo el general hubiese elegido otro momento cualquiera; es decir, me habrÃa gustado que estuvierais perfectamente bien para recibirle.