Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius —Mas decidme, papá —insist×, ¿qué piensa el doctor que me pasa?
—Nada. No debéis atormentarme con preguntas respondió, más irritado de lo que recuerdo haberle visto nunca. Y viendo, me imagino, que yo parecÃa dolida, me besó y agregó: —Lo sabréis todo dentro de uno o dos dÃas; es decir, todo lo que yo sé. Entre tanto, no lo penséis más.
Dio media vuelta y abandonó la habitación, mas regresó antes de que yo pudiera sentirme asombrada y perpleja por la singularidad de todo aquello. Volvió sólo para decirme que se iba a Karnstein y que habÃa ordenado que dispusieran el carruaje para las doce. Y que tenÃamos que acompañarle Madame Perrodon y yo. Iba a ver al sacerdote que vivÃa próximo a aquellos lugares pintorescos, por una cuestión de negocios. Y como Carmilla jamás los habÃa visto, podrÃa seguirnos, cuando bajara de sus habitaciones, acompañada por Mademoiselle De Lafontaine, que llevarÃa lo necesario para lo que vos llamáis un picnic, que podrÃamos organizar en las ruinas del castillo.