Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius Naturalmente, traté de calmarlo, de aliviar su creciente agitación; le dije que no debÃa desesperar, que podrÃamos hallar un lenitivo para sus males… Mientras hablábamos fue cayendo la noche hasta que a través de la ventana apenas se percibÃa una luz muy tenue que no hacÃa sino arrojar sombras inquietantes.
—Tal vez —le dije— prefiera usted que traigan unas velas… Le confieso que esa luz que se observa desde aquà me resulta extraña, y considero mejor que se encuentre usted en las condiciones más favorables mientras intento elaborar un diagnóstico.
—La verdad es que me da lo mismo tener o no tener luz, salvo si estoy escribiendo —me respondió—; no me importarÃa que la noche se hiciera ya eterna para mÃ, de verdad se lo digo… Voy a contarle algo que sucedió hace un año… Resulta que un buen dÃa la mala bestia comenzó a hablarme…
—¿Cómo? ¿Quiere decir que el mono le habló como si fuera un hombre? —le pregunté muy sorprendido.