Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius —Me retiré, señor… Pero no pude evitar volver una hora más tarde, pues me sentÃa muy inquieto. La puerta estaba cerrada con pestillo; al oÃrme, preguntó qué querÃa, y sin dejarme responder me dijo que deseaba que no se le molestase. Me fui a dormir, lo que hice durante no mucho rato… SerÃan casi las siete de la mañana cuando subà de nuevo; la puerta seguÃa cerrada con el pestillo y no obtuve respuesta de su parte… Supuse que se habÃa dormido y me fui, para regresar a eso de las nueve de la mañana. Era su costumbre llamarme con la campanilla cuando me necesitaba, aunque no habÃa una hora fija para hacerlo, dependÃa de la hora en que se levantase, según las obligaciones a que debiera entregarse… Llamé levemente… Como tampoco obtuve respuesta, me fui; pensé que estaba cansado y dormÃa. Fue ya sobre las once de la mañana cuando comencé a inquietarme seriamente, pues nunca tardaba tanto en levantarse, aunque estuviera ocioso… Jamás se habÃa levantado más allá de las diez y media de la mañana… Golpeé en la puerta con los nudillos, fuerte ahora, y nada. Lo llamé por su nombre y tampoco me respondió… Como no fui capaz de forzar la puerta yo solo, llamé a Thomas, que se encontraba en las caballerizas, para que me ayudase. Lo encontramos en ese estado lamentable en que lo ha visto usted…