De sobremesa
De sobremesa Esta noche, hace dos meses, de la noche de Interlaken; a estas horas ya estaba dormido, bajo la influencia del cloral. Es curiosa la historia de los sesenta días que han pasado desde la hora del encuentro.
Se fueron los primeros diez en formalizar la venta de las minas de Mal Paso, y al terminar el siguiente ya el Banco de Inglaterra me tenía abonadas en cuenta las cien mil libras recibidas como precio, de Morrell & Blundell, sin que esa noche, excitado por la idea de aquel dinero ganado casi sin esfuerzo, me sugirieran la imaginación ni los sentidos una sola idea de placeres que buscar ni de emociones ardientes que obtener con ese oro que podía transformarse en sensuales locuras. Retirado en mi casita cuyos balcones tienen visita sobre Hyde Park, y donde los tapiceros instalaron rápidamente los mobiliarios y obras de arte que me rodeaban en París, he dividido mi tiempo entre un trabajo que estoy haciendo en el Foreign Office, las visitas a los invernáculos de más fama y una serie de estudios nuevos emprendidos aquí, en la quietud de mi escritorio, con dos profesores de renombre.