De sobremesa
De sobremesa —Bien, suponte que no sea asà —continuó Sáenz imperturbable—. Da por sentado que tu organización de hierro resista las pruebas a que la sometes, y dime, ¿tú si crees de buena fe que aunque vivas cien años alcanzarás a satisfacer los millones de curiosidades que levantas dentro de ti a cada instante, para lanzarlas por el mundo como una jaurÃa de perros hambrientos, a caza de impresiones nuevas?… ¿Y para seguir en esas locuras echas a un lado lo mejor de ti mismo, tu vocación Ãntima, tu alma de poeta?… ¿Cuántos versos has escrito en este año?
—Versos… ni uno solo… pensé escribir un poema que tal vez habrÃa sido superior a los otros, no lo comencé, probablemente no lo comenzaré nunca… no volveré a escribir un solo verso… Yo no soy poeta…
Una exclamación de los dos amigos le impidió continuar la frase…