De sobremesa
De sobremesa Enrique Lorenzana, el socio de Botwell, con quien estuve en Ginebra, vino aquà anoche y me dijo al entrar y verme: ¡Eres otro hombre del que vi en Suiza; estás rosado y fresco como una miss y se te rÃen los ojos!… Ya lo creo que soy otro hombre… ¡Si no llevara en el fondo del alma la incurable nostalgia de las pupilas azules, si supiera cómo encontrarla, cuán feliz serÃa al sentirme regenerado por ella!