De sobremesa
De sobremesa ¡Neomisticismo de Tolstói, teosofismo occidental de las duquesas chifladas, magia blanca del magnÃfico poeta cabelludo, de quien ParÃs se rÃe, budismo de los elegantes que usan monóculo y tiran florete; culto a lo divino, de los filósofos que destruyeron la ciencia, culto del yo, inventado por los literatos aburridos de la literatura; espiritismo que crees en las mesas que bailan y en los espÃritus que dan golpecitos, grotescas religiones del fin del siglo XIX, asquerosas parodias, plagios de los antiguos cultos, dejad que un hijo del siglo, al agonizar éste, os envuelva en una sola carcajada de desprecio y os escupa a la cara!
Es esa hambre de certidumbres, esa sed de lo absoluto y de lo supremo, esa tendencia de mi espÃritu hacia lo alto, lo que he venido engañando con mis aventuras amorosas, como engañaba mi sed de éstas con las jugarretas de las últimas noches de castidad. Pero el hambre de creer no hay con qué saciarla que no sea con la creencia misma… ¿Y en qué creerás, alma mÃa, alma melancólica y ardiente, si los hombres son ese miserable tropel que se agita, cometiendo infamias, buscando el oro, engañando a las mujeres, burlándose de lo grande, y si ya murieron los dioses?