De sobremesa
De sobremesa Quizás el Amor tuvo sabores acres y extáticos que pudieran reemplazar a la fe. El de lo mÃstico vino en las rudas épocas medievales, y en la expansión grandiosa de pasiones que fue del Renacimiento. Amar temblando, porque al través de la puerta de la alcoba, tibia y perfumada por los besos, se oÃa el ruido de los pasos y de las armas de los matones enviados por el marido, que subÃan a vengar la afrenta; amar orando, porque la Dama revestÃa aspecto de Madona; amar sin satisfacer el amor e inmortalizando el nombre de Ella en canciones o en estatuas, ser Benvenuto Cellini o Godofredo, Alighieri, Petrarca o Miguel Angel, cuando Ellas se llamaban Beatriz Portinari, Laura o Vittoria Colonna, fue empresa de hombres; pero hoy, en estas sociedades decrépitas, en que el adulterio es fácil y practicable sin peligro, como un sport; en que la vida de la mujer es toda entera una lenta y gradual preparación para la caÃda y en que los maridos vienen a visitar al afortunado para pedirle favores, es miseria indigna de un hombre.