De sobremesa
De sobremesa —¿Conque dejas de ir a Fausto por ayudarme? ¿No tienes plan para esta noche?… Bien, ¡cómo te lo agradezco! Pues, mira: tenemos cuatro, AmorteguÃ, RodrÃguez, Saavedra y yo una cena con cuatro mujeres, pero de lo fino, ¿oyes?… cuatro horizontales que te quedarÃas bobo si te dijera los nombres… ¡cuatro de lo bueno!, ¡y suponte la que se me atraviesa! Consuelo está indispuesta y no tengo quién me la acompañe y me da pena dejarla sola. Ya ves… Y eso de quedarse uno conversando con su mujer, porque ella se siente débil y de acostarse a las once, después de tomar el té, cuando tiene entre manos una cena con cuatro tipos como RodrÃguez y con cuatro mujeres asÃ, de lo fino… No, si estaba desesperado. A fuerza de cavilar mientras comÃamos, se me ocurrió la cosa; ¿no ves?… Yo me vuelvo a casa, porque le dije que salÃa por un momento; entras tú de visita y te haces el afanado; me dices que Amorteguà me estaba buscando con urgencia en el bulevar, porque tiene que hablar conmigo esta noche de un negocio. ¡Te juro que es ella la que me hace salir! Me voy y tú me la acompañas hasta lo más tarde posible, ¿no?, para que no caiga en la cuenta de la hora a que vuelvo, si se desvela, como le sucede casi todas las noches. ¿Qué tal el plan, eh? ¿Cómo te parece mi combinación? ¿Admirable, cierto?… Me ayudas…