De sobremesa
De sobremesa ¿Y esto llaman crimen los moralistas severos, que predican su moral en dramas de tres actos? ¿Crimen? ¡Halagar a una mujer, idealizarle el vicio, ponerle al frente un espejo donde se mire más bella de lo que es, hacerla gozar de la vida por unas horas y quedarse sintiendo desprecio por ella, asco de sà mismo, odio por la grotesca parodia del amor y ganas de algo blanco, como una cima de ventisquero, para quitarse del alma el olor y el sabor de la carne!
Musellaro me llamó la otra noche en el CÃrculo, donde le habÃan limpiado los bolsillos la vÃspera, y con mil zalamerÃas serviles y poniendo por las cumbres mis conocimientos de arte, me habló de un cofrecito de plata, cincelado por Pollaiuolo, que vendÃa un amigo suyo en Florencia.
—Vale siete mil francos —me dijo—. Al momento en que supe que lo vendÃan, pensé en avisárselo a usted, seguro de que se quedará con él. Mi amigo no quiere que se sepa su nombre. Es un objeto que ha pertenecido a su familia desde hace trescientos años, y del cual se desprende, obligado por las circunstancias. Usted sabe cómo van las cosas en Italia.
—De sobra. TelegrafÃele usted a primera hora diciéndole que lo ha colocado y que me lo envÃe —le respond×. Le enviaré a usted el cheque mañana mismo.