De sobremesa
De sobremesa Dicho y hecho. Como no querÃa que la vieran conmigo, los sitios predilectos fueron los alrededores de ParÃs, los pueblecitos rientes y llenos de verdura, las salas de los museos, las iglesias más distantes del centro.
Cluny no me gusta; hay allà tanto vejestorio, y aquello huele a sacristÃa; lo que me encanta es el Luxemburgo, que tiene cuadros nuevos, y esos jardines tan lindos, cerca.
—¿Y esto es lo que ponderan? —me preguntaba, viendo los arcos de piedra renegrida y las misteriosas esculturas de las torres de Nuestra Señora—. ¡Cuánto más linda San Francisco, que es nueva y tiene tantos dorados! Yo comencé una vez a leer una novela que se llama como esta iglesia, y no seguà porque no entendÃa nada. ¿Tú has oÃdo hablar de ella?… Creo que es de Dumas.