La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Mientras no cambien la demanda de trabajo y el precio de las provisiones, un impuesto directo sobre los salarios del trabajo no puede tener otro efecto que el de elevarlos en algo más que el impuesto. Supongamos, por ejemplo, que en un lugar determinado la demanda de trabajo y el precio de los alimentos sean tales que el salario normal resultase de diez chelines a la semana, y que se establece un impuesto sobre los salarios de un quinto, o de cuatro chelines por libra. Si la demanda de trabajo y el precio de las provisiones no cambian, seguiría siendo necesario que el trabajador pudiese adquirir subsistencias por diez chelines a la semana, es decir, que tuviese después del impuesto un salario de diez chelines. Pero para que tenga esos diez chelines después del impuesto, el precio del trabajo en ese lugar deberá aumentar, y no hasta doce chelines sino hasta doce chelines y seis peniques. Es decir, para permitirle pagar un impuesto de un quinto, su salario deberá pronto necesariamente aumentar no sólo en un quinto sino en un cuarto. Cualquiera sea la proporción del impuesto, los salarios deberán en todos los casos subir no en esa proporción sino en una más elevada. …