La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Con lo que un hombre frugal ahorra por año no sólo aporta el sostén de un número adicional de trabajadores productivos para ese año o el siguiente sino que, como el fundador de un hospicio, dota por así decirlo un fondo perpetuo para el sostén de un número igual en el futuro. La dotación y funcionamiento perpetuos de este fondo no están ciertamente garantizados por una ley, fideicomiso o escritura de manos muertas. Están siempre protegidos, empero, por un principio muy poderoso: el interés claro y evidente de cada individuo que pueda participar en el mismo. Ninguna sección del fondo podrá ser empleada después en algo distinto de mantener trabajo productivo sin una pérdida evidente para la persona que así la desvía del destino que le corresponde.