La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Después de esta especie de arrendatarios vinieron, pero muy gradualmente, auténticos agricultores, que cultivaban la tierra con su propio capital, pagando una determinada renta al propietario. Cuando esos granjeros tienen un arrendamiento por un número dado de años, puede que en ocasiones les interese invertir una parte de su capital en mejoras ulteriores de la tierra, puesto que esperan recuperar su inversión, con un amplio beneficio, antes de que venza su contrato. Pero la posesión de estos granjeros fue durante mucho tiempo en extremo precaria, y aún lo es en muchas partes de Europa. Cualquiera que comprase la tierra podría legalmente desahuciarlos antes del vencimiento de su contrato; en Inglaterra podía hacerse incluso mediante la acción ficticia de una common recovery. Si eran ilegalmente expulsados por la violencia de su señor, la acción judicial reparadora era extremadamente imperfecta; no siempre los restauraba en la posesión de la tierra sino que les fijaba una indemnización que nunca equivalía a la pérdida real. Incluso en Inglaterra, el país de Europa donde quizás se ha respetado más al campesinado libre, no fue hasta el año catorce del reinado de Enrique VII cuando se inventó la acción de desahucio, por la cual el arrendatario recupera no sólo los daños sino la posesión, y su demanda no concluye con la incierta sentencia de un solo tribunal. Esta acción ha sido un remedio tan eficaz que en la actualidad, cuando el terrateniente litiga por la posesión de la tierra, rara vez recurre a las acciones que verdaderamente le corresponden en tanto que propietario, como las de dominio o entrada, sino que litiga en nombre de su arrendatario con la acción de desahucio. Por tanto, en Inglaterra la seguridad del arrendatario es la misma que la del propietario. Además, en Inglaterra un arrendamiento vitalicio de cuarenta chelines anuales es un dominio absoluto sobre una finca, y autoriza al arrendatario a votar por un miembro del Parlamento; y como el grueso de los campesinos libres tienen dominios de este tipo, toda su clase se vuelve respetable a los ojos de sus terratenientes, por la importancia política que ello les confiere. Pienso que, salvo Inglaterra, en ninguna parte de Europa puede el arrendatario construir sobre un terreno que no tiene contratado y confiar en que el dueño no se aprovechará de una mejora tan importante. Esas leyes y costumbres tan favorables al campesinado libre han contribuido a la grandeza actual de Inglaterra probablemente más que todas sus tan alabadas reglamentaciones comerciales.