La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Esto no fue todo. Generalmente se integraron al mismo tiempo en comunidades o corporaciones, con el privilegio de contar con magistrados y ayuntamientos propios, dictar ordenanzas para su gobierno, levantar murallas para su propia defensa y someter a todos los habitantes a una suerte de disciplina militar, obligándolos como se decía antes a velar y custodiar, es decir, a guardar y defender esas murallas noche y día contra cualquier ataque e incidente. En Inglaterra se los eximió por regla general de ser llevados a los tribunales de ciento y de condado, y todos los litigios que se plantearan entre ellos, salvo los que afectaran a la corona, eran resueltos por sus propios magistrados. En otros países se les concedió a menudo una jurisdicción mayor y más extensa.