La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Y asà fue como se impuso en las ciudades el orden y el buen gobierno, y junto con ellos la libertad y la seguridad de las personas, en un tiempo en el que los campesinos estaban expuestos a toda clase de atropellos. Los hombres en esa situación de indefensión están satisfechos naturalmente con apenas lo necesario para subsistir, puesto que la adquisición de algo más sólo podrÃa desatar la injusticia de sus opresores. Por el contrario, cuando las personas están seguras de disfrutar del producto de su trabajo, naturalmente se esfuerzan en mejorar su condición y adquirir no sólo cosas necesarias para la vida sino también cosas convenientes y elegantes. Por eso las actividades destinadas a producir más allá de la mera subsistencia se establecieron en las ciudades mucho antes de que se generalizasen en las comarcas rurales. Si un pequeño capital se acumulaba en las manos de un pobre agricultor oprimido por la servidumbre feudal, él naturalmente lo ocultaba con gran cuidado de la mirada de su patrono, al que en otro caso habrÃa pertenecido, y aprovechaba la primera oportunidad para escapar a la ciudad. La ley era entonces tan indulgente con los habitantes de las ciudades, y se deseaba tanto disminuir el poder de los señores sobre los habitantes del campo, que si él era capaz de sustraerse allà de la persecución de su señor durante un año, ya era un hombre libre para siempre. Por lo tanto, todo el capital acumulado por la parte más laboriosa de los habitantes del campo se refugió naturalmente en las ciudades, los únicos santuarios donde las personas que lo habÃan adquirido podÃan sentirse seguras.